Si hay una de mis novelas en la que los animales tienen tanto protagonismo como los personajes, esa es “Un lugar en Proud Sunsets“. Thunder, SnowFlake, Shine, Mireia, Mordecai… todos tienen su momento y su historia.

Dotar de carácter y personalidad propia al elenco de equinos de la familia Coleman no fue tarea fácil, pero para eso estaba Olalla Pons, mi Pepito Grillo en esta aventura. A pesar de la documentación y de toda la información que había recopilado acerca de cada caballo, nadie como ella para desmontar tus ideas y poner cada cosa en su sitio.

Y es más… ¿Qué sería de Draco si no hubiera sido por Olalla?

Os contaré un secreto que poca gente sabe: el pobre Draco, el mastín español, moría a mitad de la novela. Sí, me lo cargué de una forma muy fea. Necesidades de la trama, dije yo en su momento. Injusticia y crueldad, lo llamó Olalla cuando leyó el borrador jajaja. Se negó a continuar con la lectura si no modificaba la escena del perro y lo dejaba vivir, y bueno, a veces una tiene que hacer caso a sus lectoras cero por el bien de la paz mental.

Draco continuó vivo por la gracia de la señora Pons y le di un papel mucho más importante para compensar todo por lo que pasó. ¡Lo convertí en un héroe!

¿Habéis leído “Un lugar en Proud Sunsets”? Si no lo habéis hecho aún os invito a entrar en el rancho de los orgullosos atardeceres.

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