Me ocurre algo ‘extraño’ a la hora de elegir las localizaciones de mis novelas.

 

En “Flores de invierno” necesitaba una ciudad que se encontrara cerca de la frontera con Canadá y me decanté por Rochester (NY) porque estaba a tiro de piedra del Lago Ontario. Cuando me puse a investigar su historia resultó que se le conoce como La ciudad de las flores por el auge que la industria de los viveros tuvo a mitad del siglo XIX. Imaginad mi cara 😱😱😱. Fue una suerte dado el tema del libro.

 

Cuando me puse en marcha con “Nunca serás agua” quise que los padres de Megan vivieran en un pueblo cercano a Chicago. Elegí Rockford como podría haber elegido Naperville y me moví por las calles con el Street View de Google hasta encontrar la típica casa americana en un barrio residencial de clase media, en el 2923 de Wesleyan Avenue.

 

No fue hasta ya avanzada la novela que salió a relucir la afición de la familia Gallagher por el béisbol, así que me pareció bonito dejar pinceladas de la infancia de los hermanos en torno a este deporte tan yanki.

Busqué parques por la zona que tuvieran campos de béisbol y fue toda una sorpresa ver que la dirección más cercana estaba a solo 15 metros de la puerta de los Gallagher. Justo enfrente de la casa familiar había un modesto campo de béisbol municipal. Casi me pongo a llorar.

¿Suerte o buen ojo?

 

Os prometo que la elección de los escenarios es al azar, que normalmente no voy buscando cosas concretas.

En “Nunca serás agua” elegí Chicago por la gran tradición de familias de bomberos, pero lo de Rockford fue más porque me gustó el nombre del sitio jajaja.

Adoro esas inesperadas coincidencias ❤️

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